2026 - ALIMENTO PARA EL ALMA - VIERNES 30 DE ENERO

                                                                                                                                      

 

 

ALIMENTO PARA EL ALMA

 

 

PRIMERA LECTURA

Primera Lectura – 2 Samuel 11, 1-4. 5-10. 13-17

En la época del año en que los reyes acostumbraban salir a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel contra los amonitas. Los derrotaron y pusieron sitio a Rabbá.

David se había quedado en Jerusalén. Un día, al atardecer, se levantó de dormir y se puso a pasear por la terraza del palacio; desde ahí vio a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa. David mandó preguntar quién era aquella mujer y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, esposa de Urías, el hitita”. David mandó unos criados a buscarla. Se la trajeron a su casa y durmió con ella. La mujer quedó embarazada y le mandó decir a David: “Estoy encinta”.

Entonces David le envió un mensaje a Joab: “Haz que venga Urías, el hitita”. Joab cumplió la orden, y cuando Urías se presentó a David, el rey le preguntó por Joab, por el ejército y por el estado de la guerra. Luego le dijo: “Ve a descansar a tu casa, en compañía de tu esposa”. Salió Urías del palacio de David y éste le mandó un regalo. Pero Urías se quedó a dormir junto a la puerta del palacio del rey, con los demás servidores de su señor, y no fue a su casa. Le avisaron a David: “Urías no fue a su casa”. Al día siguiente, David lo convidó a comer con él y lo hizo beber hasta embriagarse. Ya tarde, salió Urías y se volvió a quedar a dormir con los servidores de su señor y no fue a su casa.

A la mañana siguiente escribió David a Joab una carta y se la envió con Urías. En ella le decía: “Pon a Urías en el sitio más peligroso de la batalla y déjalo solo para que lo maten”. Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías frente a los defensores más aguerridos. Los sitiados hicieron una salida contra Joab y murieron algunos del ejército de David, entre ellos, Urías, el hitita.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

 

Salmo Responsorial – Salmo 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11

R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.

R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti sólo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.

R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Es justa tu sentencia y eres justo, Señor, al castigarme. Nací en la iniquidad, y pecador me concibió mi madre.

R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Haz que sienta otra vez júbilo y gozo y se alegren los huesos quebrantados.

Aleja de tu vista mis maldades y olvídate de todos mis pecados.

R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

 

 

Aclamación antes del Evangelio – Mateo 11, 25

R. Aleluya, aleluya.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

R. Aleluya.

 

 

Evangelio – Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

¿QUÉ QUIERE DIOS DE NOSOTROS?

El Padre Celestial diseñó el universo y todo su contenido, bajo su ley de amor. Ahora bien, estamos llamados a ser benevolentes. Y Él, bien, sabe que, en ocasiones, no conseguimos lograrlo. Sin embargo, como su mayor pretensión es tenernos de vuelta, nos dejó la oportunidad de darnos cuenta y reparar.

Pero, para ello, es imprescindible que su Esencia amorosa nos guíe, porque es su Reino creciendo dentro de nosotros, sin que nos demos cuenta cómo. Paso a paso.

 

 

 

OREMOS JUNTOS AL PADRE

Padre Nuestro, Dios Perfecto, bendito seas por hacer crecer tu Reino en nuestro ser. Por tal razón, confiere a nuestra alma, en nombre de tu Hijo Jesús, la disposición amorosa de permitirle crecer en nuestro interior.  Amén Santo Dios.

 

“PADRE NUESTRO, DIOS MISERICORDIOSO, AQUÍ ESTOY, PARA PERMITIR QUE TU REINO CREZCA EN MI”

 

QUE PAPÁ DIOS NOS BENDIGA Y NOS PROTEJA. QUE PAPÁ DIOS TENGA MISERICORDIA DE NUESTRO SER. QUE PAPÁ DIOS NOS MIRE CON TERNURA. QUE PAPÁ DIOS NOS CONCEDA PAZ.

 

¡BENDECIDO Y GOZOSO VIERNES!

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